Diario

 

Como en las pinturas de Degas sobre teatros, conciertos o salones de danza, el tiempo, en el Diario de los hermanos Goncourt, parece detenido. Las escenas se congelan para dar lugar a su descripción. Y el lector se siente maravillado, o sacado de sus casillas, por la apostilla moral que este testimonio conlleva, a manera de corolario maléfico: la civilización occidental, simbolizada por la ciudad de París a mediados del siglo XIX, ha empezado a desmoronarse de una manera estrepitosa. Pero mientras el mundo se termina, nosotros podemos tomar café o comer largo y tendido con Sainte-Beuve, Flaubert o Téophile Gautier, personajes de la época que se dieron cita en el restaurante del señor Magny, epicentro de las páginas de este volumen. Es probable que no exista testimonio más lúcido, ni más crítico, ni más irónico que este Diario, a propósito de las ambivalencias que le dieron sustancia al sigloXIX francés; el Diario de los hermanos Goncourt erige un monumento, de más de cuatro mil páginas en su edición francesa, a la más funcional y homogénea de las colaboraciones literarias que conoce la literatura de cualquier lengua occidental moderna.


Edmond de Goncourt nació en 1822, en una familia acomodada de la provincia francesa; su hermano Jules nació en 1830, ya en París. Andando el tiempo, juntos se convirtieron en una de las sociedades literarias más exitosas de todos los tiempos. Compartían no sólo un mismo gusto sino, acaso lo más importante, un punto de vista similar, que les permitía, al llegar a casa todas las noches, sentarse a trabajar juntos. El producto más notable de su colaboración fue este Diario, que no se vio interrumpido con la muerte prematura de Jules, a los cuarenta años, en el año de 1870, sino que continuó escribiéndose a lo largo de otros dieciséis años, constituyéndose como uno de los testimonios más fiables e imparciales de lo que fue la Belle Époque parisina: un mundo en des-construcción permanente, gracias a la mirada crítica de dos hermanos, que con su nombre bautizaron de manera póstuma al premio literario más importante de la lengua francesa. (Edmond murió el 16 de julio de 1896, en Champrosay, a los setenta y cuatro años, doce días después de haber cenado con Robert de Montesquiou y haber puesto punto final a su diario.)
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